Reflexión sobre las rebajas

Las rebajas están ahí. Yo lo descubrí la otra mañana, mientras paseaba por el centro de la ciudad, masificado desde hace años por las grandes cadenas, noté un movimiento inusual. Los escaparates estaban llenos de movimiento. Resultaba extraño que todos esos espacios inmóviles, se llenaran de vida a la vez. Maniquíes entrando y saliendo y grandes carteles, pero al final espacios vacíos. Me parece curioso que durante las rebajas, las grandes cadenas nos muestren sus escaparates vacíos.

Me hace pensar que al final no somos más que marionetas en sus manos. Ellos agotan sus stocks creándonos una necesidad que no tenemos. Se meten en nuestras mentes, estudian nuestros comportamientos y analizan la mejor forma de influirnos. Entonces, ¿compramos o nos venden? El ansia de consumo nos invade porque nos la han creado.

En la segunda mitad del siglo XX, nos convencieron de que teníamos que consumir, de que para ser alguien teníamos que poseer. El hiperconsumismo lo invadió todo y, por supuesto, el mundo de la moda se contagió de esa tendencia que se convirtió en un hábito.

Inicialmente se nos mostró como una forma de democratización. La moda ya no sólo era accesible para un núcleo reducido de privilegiados. Empezó a estar disponible para todos los bolsillos y, al mismo tiempo, nosotros empezamos a verla como una forma de estatus. Empezamos a comprar sin pensar, ya que lo importante era tener lo último, no lo mejor.

Esa democratización poco a poco se transformó en una democracia mal entendida. Transformó el mercado y empoderó a las grandes empresas, mientras que las pequeñas trataban de sobrevivir conservando todos esos valores que los gigantes habían perdido.

Esos gigantes son los que hoy nos muestran escaparates vacíos durante la época de rebajas. Son los que han desbordado el mercado con sus camisetas de 5€. Son los que llevan en sus etiquetas un uso desmedido de recursos naturales, situaciones laborales inhumanas, y contaminación de tierra, aire y agua. Sin embargo, habiendo arrasado todo a su paso en la fabricación de sus productos, nos muestran un cubículo en blanco en la época de rebajas.

Quieren que dejemos de pensar. Para ellos somos sólo un «público objetivo», cerebros vacíos faltos de conciencia que no miran más allá. Pero no es cierto, algo en todos nosotros está cambiando. Nos estamos volviendo más conscientes, más críticos y eso es muy importante. La moda no se hizo para esclavizar, sino para liberar a las personas haciéndolas diversas y únicas.

Para revertir esta situación, antes de lanzarte a comprar, echa un vistazo en tu armario y mira lo que realmente necesitas. Si tienes alguna necesidad, opta por las opciones que menos impactos sociales y medio ambientales arrastren. Nosotros como consumidores podemos hacer algo. Con tu compra emites un voto y estás empoderando a esa empresa para que continúe con sus políticas y formas de producción.

Por eso te aconsejaría que en vez de pasar la tarde de tienda en tienda, disfrutases del paseo y antes de entrar en la vorágine consumista, recapacitases sobre tu necesidad real y te planteases quién y en qué condiciones se ha hecho esa prenda que, probablemente, terminará perdida en tu armario y posteriormente en algún vertedero.

¿De verdad necesitas eso? Si no es así, ¿por qué te invade la necesidad de tener que comprarlo? ¿no sería mejor que ese dinero lo gastases en una experiencia más placentera, como un ratito en una terraza de una bar con amigos, una tarde de cine o un buen libro?

Empiezan las rebajas, tú decides.

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